Los defensores, para terminar de cerrar la batalla, deciden movilizar algunas defensas apostadas en otras ciudades, y hacerlas parte del glorioso ejército de The Fist. Y los ejércitos invasores, empecinados en no aceptar su situación, siguen chocando contra las murallas, las lanzas y las flechas, y no hacían más que disminuir sus ya diezmados números.
Para empeorar la situación de los atacantes, Gandalf el Gris se une a la batalla, digna de ser comparada con la Batalla de los campos de Pelennor, en la que las fuerzas de Gondor y de Rohan resistieron el asedio de los ejércitos coordinados de Mordor, de Umbar, de Harad, de Rhun y de Khand, y donde, también, las fuerzas invasoras superaban a los defensores casi en una proporción de 10 a 1, y a la que también, Gandalf, llegó para cambiar el rumbo de los acontecimientes. De aquí en más, las posibilidades de los atacantes eran nulas.
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